El poder de la humildad: La máxima virtud

El poder de la humildad

“La humildad es el sólido fundamento de todas las virtudes.”

Confucio

Según la Madre Teresa de Calcuta, la humildad es “la madre de todas las virtudes”. Ser humildes implica aceptar tanto nuestras debilidades, limitaciones y errores como nuestras cualidades positivas y capacidades, sin sentir la necesidad de ostentar ante los demás nuestros éxitos y logros.

Admitir una equivocación, ser agradecidos, reconocer el esfuerzo ajeno, compartir nuestros conocimientos y experiencias, son cosas que hacen las personas humildes, sin esperar algo a cambio.

La humildad es la máxima virtud según religiones como el judaísmo y el catolicismo, es una de las virtudes más valoradas en la mayoría de las sociedades; y es a la vez la base de otras virtudes como la generosidad, la solidaridad y el compromiso.

La humildad es lo opuesto a la soberbia y a la arrogancia; y si bien es una cualidad innata en muchas personas, también es algo que se puede cultivar hasta convertirla en un hábito.

En este breve artículo me gustaría compartir contigo cómo es posible que todos y todas practiquemos la humildad, y contarte un poco sobre cuáles creo que son los hábitos que deberíamos cultivar para honrar esta virtud.

Practicar la humildad: ¿Cómo ser humildes?

Muchos sabios, al referirse a la humildad, señalan que ésta implica callar nuestras virtudes y dejar que sean los demás quienes las descubran por sí mismos. Y si bien considero que esto es cierto, también creo que la humildad va mucho más allá.

Practicar la humildad también significa ser capaces de aceptar nuestras limitaciones y reconocerlas para poder aprender y mejorar. Y, por otro lado, reconocer nuestras fortalezas y capacidades sin vanagloriarnos de ellas.

Practicar la humildad es algo que debemos hacer cada día de nuestra vida; es parte de ser responsables por el bien común, de comprometernos a hacer “lo que nos toca”, sin recriminar ni ostentar ante los demás nuestros actos.

Niños compartiendo una florY la realidad es que la humildad se practica especialmente en los pequeños actos, en las cosas más pequeñas y cotidianas; somos humildes cuando podemos ser receptivos, sinceros, empáticos y cercanos con quienes nos rodean.

La humildad debe provenir de nuestro corazón y no ser algo forzado. Aunque puede ser que en ocasiones debamos proponernos de manera proactiva practicarla y hacerla parte de nuestros hábitos y de nuestro carácter.

Lo más importante es ser conscientes de que ser humildes nos hace bien, nos ayuda a ser más felices, alivia nuestro “equipaje”, y nos dota de valores que son beneficiosos para todos los integrantes de nuestra comunidad.

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6 hábitos para practicar la humildad

Existen algunos hábitos y acciones que nos ayudarán a promover y fomentar la humildad tanto en nosotros mismos como en los demás.

Veamos seis hábitos esenciales de las personas que actúan con humildad:

#1 – Ver a los demás como iguales

Las personas humildes no ven a los demás como mejores ni peores que ellas mismas. Simplemente, dejan de lado las calificaciones, y evitan compararse.

Por el contrario, se centran en mantenerse ocupadas en convertirse en su propia mejor versión, y no se sienten amenazadas o preocupadas por las acciones de sus semejantes.

De hecho, sienten que deben jugar a ser “uno más del equipo”, y animar a los demás a aportar lo mejor que tengan para el beneficio de todos.

#2 – Tener en cuenta los intereses y el bienestar de los demás

Vivimos en una sociedad y ello conlleva que nuestro bienestar esté atado al bienestar de los demás.

Cuando se actúa con humildad se aspira a alcanzar el bienestar para todos y todas, ya sea dentro de nuestra familia, en nuestro barrio, en nuestro país, y en general en el mundo.

Y cuando tenemos esta disposición nos sentimos parte de algo más grande, y sentimos que contribuimos a un mejoramiento de la vida de los demás y de la nuestra propia.

#3 – Tratar bien y ayudar al prójimo

Ser humildes no tiene nada que ver con la posición cultural, económica o social. Una persona humilde no tendrá en cuenta el status de alguien para tratarlo de una manera u otra, ni considerará que está por encima o por debajo de nadie.

Una persona humilde entiende que todos somos iguales, y que la dignidad es un derecho de todos y cada uno.

Ser humildes no tiene nada que ver con renunciar a nuestra dignidad, ni permitir ser humillados.

Ser humildes sí implica estar atentos a las necesidades de quienes nos rodean, e intentar ayudarlos en cada ocasión que podamos; es contribuir tanto a la propia felicidad y realización personal como a la de los demás.

#4 – Asumir la responsabilidad de nuestros errores

Vivir conlleva jugar un juego donde el ensayo y error es la forma de aprender. Por ello es posible que nos equivoquemos muchas veces a lo largo de esta experiencia, y no tiene nada de malo, es útil cuando somos capaces de aceptar nuestros errores y aprender de ellos.

De manera que aceptar nuestras equivocaciones no solo nos vuelve humildes, sino que nos da la oportunidad de crecer y convertirnos en nuestra mejor versión. Y esto es bueno tanto para nosotros como para quienes nos rodean.

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#5- Ser tolerantes

La tolerancia es un aspecto fundamental para poder coexistir en sociedad, respetándonos y aceptándonos los unos a los otros.

Reconocer y aceptar que es posible tener diferentes opiniones, actitudes, convicciones y creencias es crucial para la paz y la armonía tanto en nuestros hogares como en la sociedad en la que vivimos.

Para poder practicar la tolerancia es esencial recordar todo el tiempo que todos somos iguales, que todos tenemos los mismos derechos, más allá de la “cáscara” o la apariencia exterior.

#6 – Reconocer que no se sabe todo

Finalmente, si queremos ser humildes debemos aceptar y reconocer que no podemos saberlo todo. Y que estamos constantemente aprendiendo tanto de las circunstancias como de quienes están a nuestro alrededor.

La vida es aprendizaje continuo. Por lo que aceptar que siempre queda mucho por aprender, que estamos constantemente creciendo, nos hace humildes; nos ayuda a ser tolerantes y empáticos con nuestros seres queridos y en general con todas las personas con las que nos relacionamos.

Unas palabras finales sobre la humildad…

Como dije antes, la humildad nace del corazón, e implica vivir una vida sencilla, basada en valores como el amor, la solidaridad, la amistad y el respeto.

No existe un mejor momento o un momento ideal para ser humildes. Es algo que debemos practicar a diario y en cada momento.

La humildad es tal vez la mayor virtud que puede tener un ser humano y es la que mayor poder transformador puede ejercer.

No es sinónimo de servilismo, ni de humillación, y no implica dejar de lado nuestra dignidad.

Ayudar al prójimo - HumildadPara poder ser humildes debemos ser capaces de mirar el mundo con una mente abierta, para poder captar cada matiz, cada emoción; reconocer las necesidades y deseos del otro; y perdonar cuando es necesario.

Ser humildes nos aportará grandes beneficios y alegrías en nuestra vida; e involucra ser capaces de poner los valores humanos por delante de cada acción y de cada decisión que debamos tomar, dejando de lado los intereses personales.

 

“Ser humilde significa que no estamos en la tierra para ver cuán importantes podemos llegar a ser, sino para ver cuánta diferencia podemos hacer en la vida de los demás.”

Gordon B. Hinckley

 

Si te ha gustado este artículo y quieres compartir tu opinión con nuestros lectores, me encantaría que dejaras tu comentario y entre todos “conversemos” sobre lo que significa para cada uno esta virtud tan importante 😉

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1 comentario en «El poder de la humildad: La máxima virtud»

  1. NO se quien escribió este pots, pero es Maravilloso, enriquecedor y admirable… Quiero felicitarlos por tomarse el tiempo de exponer de una forma practica (sin palabras incomprensibles) la “esencia de toda las virtudes” un trabajo practico, directo y claro. a VIVIR LA HUMILDAD.

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