Equinoccio de otoño: Redescubriendo nuestro ser y nuestra realidad

Equinoccio de otoño

La palabra “equinoccio” proviene del latín aequinoctium (aequus nocte), y puede traducirse como “noche igual”. Esto se debe a que en estos momentos del año, que son dos (equinoccio de otoño y equinoccio de primavera), la duración del día es igual a la duración de la noche, aproximadamente 12 horas cada uno.

Teniendo de este modo la misma duración en el hemisferio Sur y en el hemisferio Norte de nuestro planeta.

Desde un punto de vista científico este fenómeno se explica porque el Sol se halla sobre la línea ecuatorial, de modo que los rayos caen de forma perpendicular en ella, durante un breve lapso de tiempo.

Para los que estamos en el hemisferio Sur, nos introducimos en la estación del otoño. Los días comienzan a ser más cortos a medida que nos acercamos al invierno; comienza a hacer más frío, y la luz se comienza a alejar. La propia Naturaleza se prepara para el sueño del invierno.

Pero hay mucho más allá… En este momento del año la luz y la oscuridad se equilibran. Es tiempo de hacer un balance, de invocar nuestro poder interior y proyectarnos, de inspirarnos a cambiar, a transformarnos, a tomar nuevas formas…

Y si bien puede parecernos a primera vista que en cada hemisferio se viven procesos distintos, la realidad es que existe algo en común: un punto de equilibrio que este momento del año representa.

Preservá tus energías, recolectá el fruto de tus acciones

El equinoccio es un buen momento para preservar nuestras energías, administrarlas. El otoño llega con sus vientos que limpian el suelo, el aire se enfría, se transportan las semillas. Comienza un momento de reserva y conserva. La Naturaleza es sabia, y debemos oírla.

Recolectamos los frutos que plantamos durante el verano, tanto materiales como espirituales y emocionales, tenemos que guardarlos y prestarnos a descansar, equilibrando nuestras fuerzas.

Preserva tus energías - recolecta el fruto de tus acciones

El otoño marca la última etapa de nuestra cosecha… Es tiempo de agradecer lo que recibimos, y pedir por lo que vendrá. Debemos preparar nuestra mente y nuestra alma para la transformación que se avecina.

Al igual que la Tierra toma lo que hemos sembrado, lo que le hemos provisto, y lo transforma en alimento y nutrientes para su Ser, nosotros debemos alimentar nuestra propia renovación, nuestro propio renacimiento espiritual.

El equinoccio nos muestra que todo tiene un final, y justo allí comienza un nuevo renacer.

Es tiempo de mirar dentro nuestro, de re-alinear, re-evaluar, re-considerar, re-visar y sobre todo descansar para volver a empezar.

¿Cómo nos afecta el equinoccio?

El equinoccio está íntimamente relacionado con la alineación y el equilibrio; es momento de integrar todo aquello que hemos aprendido y prepararnos para empezar cosas nuevas.

Esto nos deja en ventaja para afrontar la próxima etapa o fase de nuestra vida. Pero la pregunta que a muchos nos surge es: ¿Cómo podemos responder al llamado para mantener el equilibrio, cuando todo lo que hay a nuestro alrededor está cambiando? ¿Cómo mantenernos equilibrados, cuando para ello necesitamos un punto estable, un centro fijo?

La realidad es que se sabe que en el equinoccio la actividad magnética y eléctrica de todo ser vivo en este planeta se armonizan, especialmente la actividad de las ondas cerebrales del ser humano. Esto estimula la ampliación de nuestra conciencia, nivela la frecuencia cerebral y eleva la frecuencia vibratoria.

Desde la antigüedad muchos pueblos y civilizaciones honraron de un modo especial este momento particular del ciclo solar. Ellos sabían que la naturaleza es un espejo en el cual debemos mirarnos, y aprender.

El equinoccio nos da una oportunidad única para hacer un balance de lo que ha ocurrido y prepararnos para lo que ocurrirá.

Hoy quiero compartir con vos, desde mi corazón, estas líneas para inspirarte a que celebrés el equinoccio. Sin importar dónde estés, recordá que somos parte de un todo consciente, un ser vivo, llamado Madre Tierra.

Celebrando el equinoccio en el hemisferio Sur

Durante el verano la Naturaleza hizo gala de su exuberancia en su máximo potencial, con la llegada del otoño, el ritmo acelerado del verano comienza a detenerse.

Los últimos frutos maduros caen, y sus semillas buscan adentrarse en la tierra fértil con la promesa de retornar en nuevos crecimientos. Las hojas secas caen sobre el suelo, buscando cubrir y nutrir esos retoños del futuro.

Del mismo modo, nosotros experimentamos algo dentro nuestro, una detención que nos llama a la reflexión y al silencio.

Y algo mágico sucede, a medida que la temperatura baja, comenzamos a volvernos más perceptivos a nuestra voz interior; si prestamos atención podemos oír nuestra alma hablándonos.

Así como en esta época del año recogemos los frutos maduros y clasificamos las semillas para ser sembradas más adelante, de modo que el ciclo vuelva a comenzar, como seres humanos, debemos también realizar este trabajo de separación. De la misma manera que la Naturaleza en todo su esplendor y sabiduría lo hace, nosotros también debemos hacerlo.

El equinoccio de otoño en otras culturas

El equinoccio de otoño se ha festejado en muchas culturas, como lo hacían por ejemplo los wiccanos, que lo denominaban Mabon.

En esta fiesta, la fiesta de la cosecha, se agradecía a los dioses por todos los frutos recogidos que formarían las reservas para transitar el invierno, y se daba inicio al descanso obligado establecido por la estación fría.

Para celebrarlo, todos los integrantes de su comunidad se congregaban ante un gran banquete y compartían parte de lo recolectado.

También los Druidas celebraban una de sus festividades más importantes durante el equinoccio de otoño. Y los Celtas realizaban su festividad del agradecimiento.

Te cuento esto para que veas como siempre se ha relacionado el equinoccio de otoño con el agradecimiento, la conexión con la Madre Tierra y el recogimiento.

Soltá las hojas secas…

Soltar hojas secas

Espero de todo corazón que ahora veas más claro la importancia del equinoccio de otoño y podás darte (regalarte) un tiempo para soltar las hojas secas, ofrecer tus frutos y semillas, y renacer una vez más… más liviano y elevado.

Para ello te dejo las siguientes pautas que te pueden guiar en estos días del equinoccio de otoño.

Podés usar un cuaderno para escribir lo que extraigas de estas reflexiones.

  • Analizá y evalúa tu crecimiento

Detenete un momento a pensar en cómo has crecido durante el verano pasado. Analizá si has madurado. O no. Y qué desafíos has afrontado. ¿Los has superado?

Los desafíos son oportunidades que nos brinda la vida para crecer y expandirnos.

Escribí en tu cuaderno qué has logrado.

  • Dejá caer tus hojas secas

Seguramente hay cosas que no te hacen bien, que te gustaría dejar ir.

Prestá atención a qué hábitos querés abandonar.

¿En qué se te va tu energía y crees que no vale la pena?

¿Qué cosas, creencias o actitudes te gustaría cambiar?

Conseguí un puñado de hojas secas y escribí en cada una de ellas una palabra que represente aquello que ya no te sirve. Quemalas y dejá que el viento se lleve sus cenizas.

Acordáte que es momento de renacer, de iniciar un nuevo ciclo. De dejar ir lo que ya no sirve… quizás sirvió en su momento, pero ahora es momento de dejarlo ir.

Equinoccio de Otoño: Separá lo sutil de lo denso…

Hermes Trimegisto nos habló, en la Tabla Esmeralda, de esta separación que representa el otoño: “Separarás lo sutil de lo denso con gran arte”.

Cuando dice “separar lo sutil de lo denso”, nos habla de separar lo espiritual de lo material, y al decir “con gran arte”, nos señala que hay que hacerlo con mucho cuidado.

Debemos reconocer que es el momento de dejar morir la oscuridad que aún habita en nosotros y liberar nuestra verdadera vida.

De la misma manera que un fruto se separa del árbol, y la semilla se separa del fruto, algún día el alma se separará del cuerpo.

El cuerpo no es más que un envoltorio, una cáscara de nuestra alma, y al igual que la semilla será sembrada en lo alto del cielo.

Prestá mucha atención a tu voz interior, es tu alma que te habla, este es un tiempo en el que buscará conducirte hacía tu centro, para que, al llegar el invierno, encontrés aquellas revelaciones que te están esperando.

 

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